Universo Humano

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El pasado, presente y futuro, un mismo tiempo

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Por Laura Gutiérrez 

Nuestros tiempos de vida los identificamos como pasado, presente y futuro. El pasado es nuestra historia de vida, lo que ya pasó y que no podemos cambiar. El presente es como su palabra lo dice: un regalo que nos obsequia Dios para abrirlo y descubrir lo que nos ofrece. El futuro es el tiempo en el que depositamos todos nuestros anhelos, sueños y soluciones.

Aunque estos tiempos en apariencia están separados realmente son uno solo.

Hoy en día vivimos el presente sufriendo por el pasado mientras contruimos nuestro futuro.

Los Arcángeles nos hacen notar que la mayoría de los seres humanos vivimos el hoy inmersos en los recuerdos dolorosos del pasado, reprochándonos, lastimándonos y  culpándonos por lo que hicimos y por lo que dejamos de hacer.

Vivir de esta manera no nos permite gozar de todas las bendiciones que el presente nos ofrece, así como tampoco nos permite construir ese futuro maravilloso que tanto anhelamos pues solo estamos recreando más y más vivencias dolorosas.

Nuestros amados Arcángeles nos dicen que nuestro pasado es nuestra historia de vida y desde un punto de vista iluminado es Nuestro Mayor Tesoro.
¿Por qué? Porque todo lo que vivimos es lo que nos ha permitido ser lo que somos hoy, y ¿que somos hoy? Seres maravillosos que hemos albergado en nuestro interior la fuerza de la experiencia y la sabiduría.

La mayoría de nosotros no lo vemos así, por el contrario, nos sentimos avergonzados porque creemos habernos equivocado en la manera en que solucionamos la situación y nos sentimos no merecedores del perdón, de la felicidad completa, la confianza y el amor de los demás, ocultamos y negamos etapas de nuestro pasado, sin tomar en cuenta que si seguimos aquí, de pie, es porque somos seres valiosos, que hemos sido capaces de superarlo todo.

Desafortunadamente conforme pasa el tiempo y tenemos mayor madurez nos juzgamos también con mayor rigidez. Eso esta totalmente fuera de lugar pues, por poner un ejemplo, solucionamos una situación a la edad de 15 años, tenemos 40 y estamos enojados con nosotros mismos, avergonzados y reprochándonos por la decisión que tomamos en ese momento.

A los 15, la solución que dimos fue la mejor de acuerdo a nuestros conocimientos, madurez, experiencia, apoyo y lógica. Seguirnos juzgando a los 40, es absurdo y hasta cruel.
¿Acaso nosotros podríamos seguir enojados y juzgando a un hijo de 40 por lo que hizo a los 15? Por supuesto que no, ya lo perdonamos y tal vez ni siquiera nos acordemos del suceso.

¿Por qué entonces lo seguimos haciendo con nosotros mismos? La sugerencia que nos hacen los Arcángeles es:

Aceptar nuestro pasado con amor y valor
Aceptar lo que nos tocó vivir es comprender que cada decisión tomada fue con la seguridad de que hacíamos lo mejor. Ser justos y comprensivos hacia nosotros y dejar de juzgarnos por los errores del ayer es nuestra oportunidad de crear una mejor vida.

Aceptar nuestro pasado es rescatar nuestro Tesoro, es rescatar la enseñanza, sabiduría y fortaleza que cada experiencia nos brindó y verlo como un regalo invaluable.

Cambiar los lentes de juez con que nos hemos visto todo este tiempo por los lentes de amor, admiración y respeto con los que los Arcángeles nos ven, agradecer nuestra historia como la causa de estar ahora aquí bajo su guía es el mejor regalo que podemos darnos.

Si bien es verdad que no cambiaremos nuestro pasado, si podemos estar en paz con la vida, con nuestra historia y dispuestos a vivir el presente con la certeza de que al respetar y valorar nuestro pasado viviremos con alegría nuestro presente y estaremos construyendo un futuro maravilloso.

El Arcángel Zadkiel es nuestro mejor apoyo en este proceso pues con su luz violeta nos ayuda a transmutar todo el dolor y el sufrimiento que cargamos de nuestro pasado a través del perdón.

Llevar a cabo los ejercicios descritos en el artículo “Regálate el perdón y libérate del dolor” nos permitirá liberar las cargas para poder liberar el pasado y comenzar a disfrutar nuestro presente.

Deseo de todo corazón que el hábito de la comunicación divina se arraigue en ti para que tus dones sean liberados y encuentres tu misión de vida. Bendiciones, Laura.

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